miércoles, 1 de febrero de 2012

Continuando nuestro recorrido por el Madrid del XIX, hoy vamos a remontarnos a los antecedentes de la guerra:



Con el tratado de Fontainebleau, Godoy dio permiso a las tropas francesas para atravesar España, con el pretexto de llegar a Portugal.


Esto, provocó tensiones entre los madrileños desde el primer momento y, sobre todo, desde que la Familia Real estaba reclutada en Bayona. De las palabras se pasó a las manos y comenzaron a llenarse los hospitales de la ciudad de heridos, tanto soldados defensores de la causa napoleónica, como de ciudadanos madrileños. Mientras que entre el pueblo comenzaron a romperse las hostilidades, el general Murat veía cómo se iba logrando su objetivo; se trajo la orden del mismo Napoleón de lograr exasperar al pueblo, para que éste provocara un tumulto que le diera pie a tomar represalias contra el mismo. Su sistema de guerra, tal como el Emperador había seguido otras veces, consistía en imponer el dominio del miedo.


El objetivo fue alcanzado el día 2 de mayo como fruto del enardecimiento popular que se respiraba por las calles. Pero la gota que colmó el vaso, fue la conspiración de la marcha del Infante Francisco de Paula a Bayona; los madrileños tomaron sus medidas de seguridad durante la víspera y al amanecer una turbamulta concentrada en el Palacio Real, comenzó la reyerta contra los oficiales. Tras este primer combate el alzamiento comenzó a extenderse por las calles de la ciudad, así los paisanos pusieron todos los medios para impedir que las tropas francesas salieran de los cuarteles arrojando palos, navajas, piedras, sillas, mesas, tiestos, etc. Posteriormente, todos aquellos que habían lanzado objetos contra cualquier oficial serían arrestados y fusilados.

lunes, 23 de enero de 2012

Y tú, ¿Te atreves a marcar la historia?

Haciendo el trabajo de la Guerra de la Independencia me he dado cuenta de cuánto puede enriquecer conocer la historia de tu ciudad. Por eso quería compartir con vosotros parte de lo que he aprendido, para que cuando vayáis por el centro de Madrid, podáis decir: "aquí estuvo Napoleón, Godoy, Carlos IV y muchos personajes que marcaron nuestra historia."
Y tú, ¿te atreves ha marcar la historia?

En la Puerta del sol tuvo lugar la famosa “carga de los mamelucos” como ha quedado inmortalizado en el famoso cuadro de Goya. Fue una pelea llevada a cabo entre miles de soldados franceses, mamelucos y polacos por un lado vs madrileños y defensores de la causa borbónica que, enfurecidos por la marcha de la familia real a Bayona, salieron a las calles.
La pretensión napoleónica de acabar con la dinastía borbónica, empezó ha ser rechazada por muchos. Creo que volvemos a encontrarnos ante un caso de imposición mediante la violencia, como hemos visto varias veces en clase.


Comenzó una batalla que duró dos horas y, aunque la lucha era desigual, ninguno de los bandos se daba por vencido. Mientras que los batallones franceses luchaban con armas de fuego y cañones, los madrileños trataron de defenderse acuchillando a los caballos de los franceses y matando de inmediato a sus jinetes.



Finalmente los franceses consiguieron hacerse con la Puerta de Sol y, con ella, impidieron la llegada de refuerzos del interior, al ser esta el punto de concentración de todos los caminos de la ciudad madrileña. Esta qudedó dividida en dos mediante una línea de demarcación que iba desde la calle Mayor hasta Atocha.
Cada año se coloca una corona de laurel en la fachada del edificio de la Comunidad de Madrid donde hay una lápida que recuerda a todos que aquí murieron.


Espero que con este esbozo de lo que pasó en 1808 por algunas calles de Madrid, os pique la curiosidad para investigar sobre la historia de Madrid en alguna de sus épocas.

martes, 17 de enero de 2012

Prensa, antes y ahora

La pasada semana mi grupo y yo tuvimos la oportunidad de ser los primeros en presentar nuestra exposición, que trataba la Guerra de la Independencia. Entre los aspectos culturales de los que hablamos,yo traté el tema de la prensa durante la guerra.He de confesar que no me parecía un tema atractivo a priori, pero me llamaron la atención varias cuestiones que ya comenté durante la exposición,pero se me quedó algo en el tintero.
Cuando leía diferentes medios de prensa de ideologías tan diversas, me hizo sacar mis propias conclusiones de un tema absolutamente objetivo para mí,y pude empatizar,en cierto modo,con ambas ideologías a la par que discrepaba con algunos aspectos.
La gente de la época leía esos medios de prensa para conocer el avance de la guerra pero a raíz de esto me viene a la mente una cuestión: ¿Leían para informarse o leían de lo que se querían informar? porque esta pregunta tiene matices. Sin embargo,en la actualidad nos ocurre lo mismo y eso que ya han pasado muchos años.
Si nos acercamos a un quiosco encontramos toda la información a nuestra disposición, pero son informaciones de diversos periódicos con ideologías muy variadas también.Es muy probable que a continuación haga un juicio polémico para según qué mentalidades,pero absolutamente cierto. ¿Encontaríamos a una persona comprando dos periódicos de ideas totalmente opuestas para informarse de una misma noticia? En su gran mayoría,me atrevo a decir que no. Pero, ¿no queremos estar informados? Pues entonces creo que deberíamos comprarlos y leerlos.
Un amigo mío compra con asiduidad un periódico determinado y cuando lee sus artículos los defiende como si los hubiera escrito él. Entonces lee lo que quiere leer.¿Es esta la mejor forma de mantenerse informado? Repito mi respuesta,no.
Yo he puesto en práctica el hecho de comprar dos periódicos muy diferentes y ser capaz de leer una misma noticia con matices absolutamente diferentes.A partir de ahí soy yo la que saco mis propias conclusiones y la que se inclina por un periódico u otro.Si,sale más caro y es probable que a algunos les duela comprar un periódico que detestan,pero es solo mi opinión.










Patricia Domínguez

martes, 10 de enero de 2012

Esta semana nos ha tocado presentar el tema de la Guerra de la Independencia y me gustaría comentar algo sobre lo que ocurrió en elParque de artillería o actual Plaza del Dos de Mayo.

Aquí estaba la puerta de entrada al antiguo palacio de Monteleón, del que tras sufrir un incendio en 1723, únicamente quedó un solar muy extenso con algunos edificios. Al estar situado en una zona aislada al norte de la ciudad era el lugar idóneo para el depósito de armas, cañones, munición, polvorín y caballería. El recinto estaba custodiado por una tropa francesa, acantonada allí por orden de sus superiores. La población civil intentaba entrar en el parque inútilmente cuando llegaron unos 33 hombres bajo el mando de los capitanes Daoíz y Velarde, esto produjo una gran alegría entre la multitud. Estos convencieron al capitán francés de que se rindiera junto con sus hombres y una vez recluidos en las cuadras, comenzó a entrar la multitud en el parque. Daoíz y Velarde dieron órdenes de armar a la población y distribuirla por las calles de forma estratégica, esperando la llegada de refuerzos franceses. Comenzó así el combate que duraría poco más de tres horas, y a pesar de que al principio, el resultado fuera favorable para los españoles, de nuevo la desproporción numérica de los bandos era más que evidente: por un lado, el batallón francés estaba formado por unos 2.000 hombres, mientras que el español lo formaban uno 150 aproximadamente. Después de la tremenda sangría que allí se produjo, fueron enterrados los dos capitanes Daoíz y Velarde como verdaderos héroes dando nombre a las calles que rodean actualmente la plaza del Dos de Mayo.

Además de estos nos han llegado nombres de personas que fallecieron en esta batalla y que representan a todos los que allí cayeron, pueden sonarnos nombres como Manuela Malasaña , Clara del Rey o el teniente Ruiz.

Actualmente podemos encontrar en el centro de la plaza la puerta de acceso al antiguo cuartel con las esculturas de Daoíz y Velarde, rodeado de una verja de hierro.
En 1869 fue derribado el Parque de artillería de Monteleón, y se abrieron nuevas calles además de la Plaza del Dos de Mayo.


A la mañana siguiente después de la batalla, los dos capitanes fueron enterrados en secreto en la Colegiata de San Isidro, como los sepulteros habían dejado señalados los lugares de enterramiento, pudieron hallar los restos y, en 1840 fueron trasladados al obelisco de la Plaza de la Lealtad. Para ello se utilizaron dos urnas transportadas por un carro de triunfo fúnebre como vemos en la imagen; aquí podemos observar cómo el carro recorre las principales calles de la ciudad, pasando delante del Palacio Real.

Los nombres de los capitanes Daoíz y Velarde junto con el teniente Ruiz has sido muy sonados hasta nuestros días, por ser oficialmente los únicos militares que junto a la compañía de infantería, lucharon por defender Madrid.
Personalmente y, basándome en lo que he leído, creo los dos bandos no estuvieron totalmente cerrados, puesto que hay fuentes que citan cómo algunos oficiales franceses apoyaron al pueblo madrileño, y también cómo soldados españoles estuvieron del lado francés. Puede entenderse así que no fue únicamente una guerra entre dos países (España vs Francia), sino una guerra de carácter ideológico donde empezará a cuajarse la idea de "las dos Españas"(conservadurismo vs progresismo) que irá acentuándose posteriormente.
Es muy curioso ver cómo la historia no es algo inamovible, sino que siempre queda marcada por ese rasgo de subjetividad que aunque sea pequeño, cada persona le da al interpretarla.

domingo, 1 de enero de 2012

Objetividad histórica y el Diccionario Biográfico Español.

    Hace unos meses se desató una gran polémica debido la publicación del Diccionario Biográfico Español por parte de la Real Academia de la Historia. Obra extensa donde las haya, recoje las biografías de las personas más destacadas de la historia de España, pero a la que se le puede poner una pega e incluso se la puede tachar de pecadora, pues para un historiador el no ser lo más objetivo posible, bajo mi punto de vista, es un pecado. Así ocurre que en entradas sobre algunos personajes del siglo XX y más concretamente sobre personajes del régimen franquista y de la república e importantes en la Guerra Civil. Sus biógrafos no han sido para nada imparciales y objetivos. ¿A qué se debe esto? A la intromisión de las ideologías personales.
    Este hecho me hizo reflexionar bastante sobre el trabajo de un historiador respecto a su obra. ¿Se debe buscar la objetividad absoluta en el estudio de la historia?, ¿debe dar el historiador su interpretación de los hechos y que sea el estudiante/lector el que saque sus propias conclusiones tras contrastar las diferentes opiniones? Bien, bajo mi punto de vista soy partidario de la respuesta afirmativa a la primera pregunta, y por ende de la respuesta negativa a la segunda. En mi opinión, el historiador es un investigador que debería mostrar los hechos tal cual los encuentra, estableciendo relaciones entre ellos para ayudar a entender lo que aconteció (llevando la objetividad a un grado más en este contexto, podría decir que el papel del historiador sería el de mostrar los hechos tal cual los ecnuentra, dejando establecer relaciones al interesado en la materia). Sería ridículo, por ejemplo, mostrar el asesinato del archiduque Francisco Fernando como consecuencia directa de la I Guerra Mundial. Y es que esto no sería objetividad, la objetividad es mostrar este hecho como un detonante de algo que se venía gestando tiempo atrás, y ahí establecer las relaciones entre hechos objetivos, pero siendo estas relaciones a su vez relaciones objetivas. Se dirá que esto es imposible, pero a mí no me parece que lo sea, o que suponga una idea descabellada pensar que se pueden mostrar los hechos en sí. Con los hechos en sí no me refiero a como ocurrieron, ya que es para nosotros imposible saber cómo fueron realmente por no haber estado allí, me refiero a los hechos cómo nos han llegado. Puede que sean datos manipulados, falsos o erróneos, pero ahí es donde entraría el trabajo del historiador, que debe investigar y tratar de dilucidar si lo que se descubre es verdadero o falso, si tal o cual relación es verdadera o falsa, etc. No es fácil, pero es que nadie dijo que estudiar a fondo la Historia lo fuera.
    Como se ha observado soy partidario de que en la historiografía, así como que a la hora de impartir clases en colegios, institutos y universidades, exista el mayor nivel de objetividad. Durante mi estancia en el instituto estudie historia con diferentes profesores de ideologías diferentes. En 4º de la ESO (en el que se estudia Historia de España), mi profesor tendía más hacia las ideas de izquierdas, por lo que constantemente establecía relaciones entre lo que estudiábamos y la situación de aquel momento, pero siempre desde su plano ideológico. En 2º de Bachillerato mi profesora era un dechado de patriotismo y sus ideas tendían a la derecha política, con lo que sus relaciones entre la historia española y la actualidad eran para, en muchos casos, exaltar sus ideas. Esto viene a ser lo mismo que mi profesor de 4º pero al contrario. He de decir que en 1º de Bachillerato, la profesora durante ese curso dejaba siempre sus ideas propias al entrar a clase, aunque a veces se le escaparan pequeñas frases que mostraban su tendencia política. Por ello puedo decir que he vivido la situación (como supongo que muchos alumnos) de tener que bregar con profesores de historia que dejaban bien aislada la objetividad.
    Es este un tema que puede ser tratado extensamente, ya que mis opiniones no se reducen ni mucho menos a lo aquí expuesto, y considero que podrían ampliarse, pero a su vez considero que este no es el medio adecuado.
    Me gustaría concluir diciendo que tanto en una obra tan trascendente como es el Diccionario Biográfico Español, el cual ha servido de introducción a mi tema principal, como en otras obras de historia, así como en la impartición de esta materia en los ámbitos educativos y en muchos casos en los medios de comunicación, no se puede continuar avanzando a base de opiniones, datos no contrastados, apologías varias, etc. Así no reconstruimos la Historia, o por lo menos aquello que podemos llegar a conocer. Es el lector, alumno, espectador... el que debe sacar sus propias conclusiones después de conocer todos los datos disponibles, pero ciertamente esto es muy complicado debido a la falta de tiempo y, en muchas ocasiones, de interés que tiene el hombre moderno, pero ese es otro tema.


Daniel San Miguel Gamero.

martes, 13 de diciembre de 2011

Personajes de la época del reinado de Isabel II

Isabel II fue Reina de España entre 1833 y 1868. De los personajes más destacados de la época de su reinado, hemos elegido los cinco personajes que nos parecieron los más interesantes:

Ramón María NarváezFue un general y político español y nació en Granada en 1799. Durante su vida ostentó el título de Duque de Valencia y fue sobresaliente en la primera guerra carlista. A causa de su rivalidad con Espartero tuvo que exiliarse durante su regencia y en 1844 se convirtió en la cabeza del Partido Moderado. En ese año también accedió a la presidencia del Consejo de Ministros y dentro de dos años fue ministro de la Guerra y bajo su mandato se promulgó la Constitución de 1845. Posteriormente obtuvo muchos otros títulos como presidente del Consejo. Se murió en 1868, cinco meses antes de la Revolución Gloriosa. Su muerte afectaba mucho al Partido Moderado, porque fue un gran apoyo para Isabel II.


Leopoldo O’DonnellFue un general y político español y nació en Tenerife en 1809. Defendió la causa isabelina durante la primera guerra Carlista y en 1840 llegó a ser teniente general. En ese año también llevó a cabo un pronunciamiento, por lo que tuvo que exiliarse en Francia hasta 1844, año en el cual volvió a España. Gobernando Narváez fue nombrado capitán general de La Habana, cargo en el que permaneció hasta 1848. A su vuelta a España fue nombrado senador y director general de infantería y en 1854 encabezó otro pronunciamiento militar. Después de la dimisión de Espartero, O’Donnell desempeñó el cargo de éste, poniendo fin a las sesiones de las Cortes Constituyentes, disolviendo la Milicia Nacional y restableciendo la Constitución Moderada de 1845. Volvió a la presidencia del Consejo de Ministros entre 1865 y 1866, ya que había sido sustituido por el Marqués de Miraflores. En 1866 su cargo fue ocupado por Narváez y él retirado de la política. Se trasladó a Biarritz y se murió en 1867.

Juan Prim y PratsFue un político y militar español nacido en Tarragona en 1814. Siendo coronel, en 1840 se afilió al Partido Progresista. Durante tres años, desde 1845 hasta 1848, experimentó el exilio y a su regreso comenzó a ascender en su carrera militar: primero a teniente general y después a capitán general. También se convirtió en senador. Por su intervención en la campaña africana recibió el título de marqués de Castillejos. Además, tomó cada vez más partido en asuntos políticos: se introdujo en el partido de la Unión Liberal presidido por O`donell, situándose al frente de la misión militar española en México (con el objetivo de nombrar a Maximiliano de Habsburgo emperador, plan que fracasó finalmente) y en 1865 llegó a ser jefe del Partido Progresista. Fue protagonista en los levantamientos de Aranjuez contra Isabel II y fue inspirador de la Revolución Gloriosa. También prestó su apoyo a Amadeo de Saboya, a quien no llegó a ver ocupar el trono por un atentado en 1870.

Carlos Luis de Borbón Fue un infante de España nacido en Madrid en 1818. Hizo nombre al título de Montemolín cuando su padre Carlos María Isidro, adoptó el de Conde de molina. Cuando el padre de Carlos Luis de Borbón abdicó en éste en 1844, los carlistas le reconocieron como rey Carlos VI. En 1845 el Conde de Montemolín levantó algunas partidas en Cataluña y en 1860 una sublevación apoyado por el general Jaime Ortega. Ante el fracaso de esto, Don Carlos y su compañía decidieron huir, pero fueron detenidos y el general Ortega fue fusilado. El Conde de Montemolín firmó su renuncia a los derechos a la sucesión de la corona. Por otra parte, los hermanos Carlos Luis y Fernando fallecerían en 1861 en un intervalo de trece días sin dejar descendencia directa. Los derechos dinásticos no se cedieron a su hermano Don Juan, sino al hijo de éste; Don Carlos María de los Dolores de Borbón y Austria-Este.

Francisco de Asís de BorbónFue el rey consorte español. Nació en Aranjuez en 1822 y fue el hermano de Fernando VII. Se casó con Isabel II el día 10 de agosto de 1846 y en esta fecha también recibió los títulos de rey y majestad, así como el grado de capitán general de los ejércitos. Presidió la inauguración del Canal Isabel II, marchando al exilio a Francia ante la Revolución de 1868. Allí fijo su residencia y en 1902 se murió.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La administración bajo los Borbones (Resumen)

 
Felipe V
La llegada de los Borbones al trono español en el año 1701 de la mano de Felipe de Anjou (Felipe V), supuso el comienzo del cambio en el sistema político-administrativo español que hasta entonces estaba vigente. Las instituciones más importantes en tiempos de los Austrias como por ejemplo los consejos, juntas y audiencias (es decir, organismos de gobierno no unipersonales) comienzan a perder poder, siendo absorbido este por los organismos unipersonales como los ministerios, que son importados de Francia.
    Las reformas en la administración española comienzan con Felipe V y encuentran el mayor exponente en los llamados Decretos de Nueva Planta (1707-1718), promulgados tras la batalla de Almansa (1707). Con ellos comienza la abolición de los fueros aragoneses y valencianos, imponiendo en estos territorios las leyes de Castilla al igual que la misma forma de gobierno de ésta (aun que en 1711 se autoriza a Aragón a conservar sus leyes municipales) y no es hasta 1716 cuando se introducen estas medidas en Mallorca y Cataluña. A partir de ese momento se suprimen los virreyes en esos territorios que pasan a ser gobernados por capitanes generales. Estos presidirían la Audiencia. A su vez los corregidores establecidos en las principales ciudades y villas serían elegidos por el rey.
    Por su parte Navarra y Vascongadas, debido a que habían permanecido leales a Felipe de Anjou durante la guerra de Sucesión, conservaron sus fueros e instituciones tradicionales.
    En el reinado de este rey se distinguen varias fases en cuanto a reformas se refiere. La primera se establece entre los años 1701-1724 y en ella los protagonistas son los ministros extranjeros enviados a España por Luis XIV.
    De 1713 a 1714 se inicia la reforma de los Consejos, aumentando el numero de presidentes y el de consejeros. Estas reformas fueron diseñadas por los ministros Orry y Macanaz, y una de las más importantes es la del Consejo de Castilla. La gestión administrativa fue trasladada de los Consejos a las Secretarías de Despacho Universal (que, grosso modo, cumplía las funciones de un ministerio) desarrollando un régimen de gobierno a través de estas. Sus titulares se reunirán a finales del siglo XVIII en una asamblea llamada Junta Suprema de Estado, que es considerada el primer Consejo de Ministros español (esto se verás más adelante). Se crea así una doble autoridad política: El rey por un lado y la Junta por otro.
    En principio las Secretarias son dos: Por un lado la dedicada a los asuntos de guerra y hacienda, a la cabeza de la cual se situará a José Grimaldo; y por otro lado la dedicada a cualquier asunto del tema que fuere, pero haciendo hincapié en la gestión de los asuntos eclesiásticos y de justicia. Esta cartera fue encargada al Marqués de la Mejorada.
    Al finalizar la etapa de los ministros franceses en 1714 llega a su fin esta división, ya que a partir de entonces las secretarías pasan a ser cuatro: Estado, Marina e Indias, Guerra, Justicia y Asuntos Eclesiásticos. En a la economía, se nombra un veedor general y un intendente universal asistido por un Consejo de Gabinete.
    Pero al ascenso de Julio Alberoni a la Secretaría de Estado en 1715 se inicia una nueva ola de reformas, fundiendo en una las secretarías de Guerra y Marina; suprimiendo al veedor general y transformando la intendencia universal en la Secretaría de Hacienda. Los asuntos de indias se distribuyen entre todas. Esta nueva etapa se inicia como ya se ha dicho en 1715 y concluye en 1719, con lo que Alberoni tiene tiempo de realizar numerosas reformas en las Secretarías. Tras la caída política de Alberoni, Grimaldo ocupa su puesto. Éste reforma de nuevo las Secretarias y las distribuye igual que durante el gobierno de los ministros franceses.
José Patiño
    Entre 1730 y 1734 se inicia la gestión administrativa de José Patiño, que ocupa todas las secretarías menos la de justicia, convirtiéndose así en un Ministro Universal, y siendo con él con el que culmina la administración borbónica, ya que inician su declive definitivo los consejos.
    En 1746 llega Fernando VI al poder y se inicia otra etapa de reformas que serán realizadas por tres equipos de ministros: Villarias y Ensenada; Ensenada y Carvajal y posteriormente los herederos de éstos.
Marqués de la Ensenada
    Villarias no acumula demasiados poderes, debido a que en su mayoría mucho más poder político recae sobre Ensenada que sobre él. Pero a la llegada de Carvajal, Ensenada y éste último se los reparten y acaparan todo el poder político.
    Pero es durante el reinado de Carlos III cuando se alcanza el culmen de las reformas borbónicas en España. En esta nueva etapa se distinguen dos fases: una con influencia de los ministros extranjeros y la segunda con ministros españoles, entre los que se destaca Floridablanca.
Esquilache
    La primera fase se encuentra entre los años 1759-1776 y estuvo gestionada por Esquilache y Grimaldi. Esquilache ocupaba la secretaría de hacienda y a la destitución de Wall de la secretaría de estado en 1763 ocupó su puesto Grimaldi.
Conde de Floridablanca
    Debido a la antipatía que el pueblo profesaba a Esquilache (como se pudo ver en el motín que lleva su nombre y del que fue causa), Carlos III se vio en la necesidad de cambiar a los principales secretarios y sustituirlos por españoles como por ejemplo Muzquiz (Secretario de hacienda), Gregorio Muniain (Secretaria de guerra) y el conde de Aranda (presidente del consejo de castilla). Y a la retirada de Grimaldi de la política entra Floridablanca a ocupar su puesto. Éste acumulará varias secretarías y creará la Suprema Junta Ordinaria y Perpetua del Estado que es el precedente de la Junta Suprema de Estado, institucionalizada en 1787 y que contaba con dos funciones: en ella se deliberaba sobre los asuntos de interés ministerial y sobre conflictos de competencias entre los ministros, consejos y otros tribunales. El papel de mayor responsabilidad correspondió a Floridablanca entre los años 1787 y 1792.
    A la caída de Floridablanca de la secretaría de estado, ésta pasó a manos de Aranda y más tarde de Godoy.

    En cuanto a la administración territorial, los Austrias, como se ha dicho muchas veces en clase, respetaron los organismos de gobierno en los diferentes reinos conquistados, pero a la llegada de los Borbones comienza una etapa de centralización en toda España. Los cambios más importantes son la implantación de las provincias en lugar de los corregimientos. Los antiguos virreinatos pasan a ser ahora provincias gobernadas por un Capitán General, por lo que son conocidos como capitanías generales.
    Gracias a los Decretos de Nueva Planta se instauran en los territorios de la corona de Aragón, Mallorca, Cataluña y Valencia los corregidores, que ya existían en Castilla. Éstos se dividían entre corregidores de letras (que conocían el derecho) y “de capa y espada” (militares). Entre ellos se estableció una jerarquía en la que se podía ascender gracias a la veteranía y al mérito.
    También fueron introducidos los intendentes, que en principio se encargaban de regir un territorio tras su conquista y era un cargo sólo con funciones militares, pero terminó asumiendo otros papeles. En 1718 fueron institucionalizados definitivamente y comienzan a concentrar un gran poder, por lo que en 1721 las intendencias en los lugares en los que no existía regimiento militar fueron suprimidas. Ya en 1749 volvieron a pertenecer a toda la nación, al igual que en 1718, haciendo que la administración provincial girara en torno a los intendentes.
Carlos III
    En la administración local existía una gran disformidad respecto de una corona con otra. En ella se impuso el modelo castellano. Se nombraba un regidor que presidía la asamblea local y una acalde mayor que le asesorara. Con la llegada de Carlos III se llevó a cabo un proceso “democratizador” de los municipios, estableciendo un Procurador Síndico y Diputados del Común, elegidos para representar las clases populares. También surgen los alcaldes de barrio, elegidos por los vecinos del barrio y que tenían función de hacer cumplir el orden en su jurisdicción.







Daniel San Miguel Gamero